PARTE I
Del trabajo acerca de las competencias para empleabilidad y ciudadanía, presento la primera parte de esta hoja de trabajo que todo maestro, padre y joven deberían compartir.
Hasta bien avanzado el siglo XX, el pasaje a la adultez estuvo
definido para los varones por el acceso al trabajo productivo y, para las
mujeres, por la maternidad o trabajo
reproductivo y/o por el matrimonio. Asimismo, mientras la tenencia de un hijo
para los varones, si no se producía en el marco del matrimonio, no necesariamente
le significaba responsabilidad, hacerse cargo, vivir con él sino que era
valorada o justificada por su derecho al ejercicio de su sexualidad, para las mujeres
era sinónimo de vida dedicada y comprometida con su cuidado.
Hoy esta concepción ha evolucionado mucho aunque, para una muy
significativa proporción de la población masculina, estos patrones de
comportamiento siguen vigentes y también persiste una clara diferencia en la
condena social, cuando quién se desentiende de los/as hijos es un varón que
cuando lo hace una mujer. Combatir estas concepciones, es un compromiso de
todas y todos.
Dar vida es un hecho de la mayor trascendencia y por ello implica
una responsabilidad que debe ser asumida tanto por los varones como por las
mujeres y, por su parte, la sociedad y los estados deben hacer posible ofrecer
las condiciones, mediante las políticas, para que ambos la asuman sin que ello
signifique comprometer o cercenar su desarrollo personal y laboral. Entre las
múltiples políticas necesarias y posibles, la educación para una paternidad y
una maternidad responsable, segura y producto de una decisión madura no puede
faltar.
Si bien varones y mujeres deben ser igualmente responsables en el
ejercicio de su sexualidad, es innegable que para las mujeres los impactos de
la desatención son muchísimas más
graves. La maternidad, especialmente adolescente y juvenil, es determinante
respecto a las posibilidades de elegir libremente su proyecto de vida así como
de insertarse laboralmente. En nuestra región la correlación entre maternidad
temprana y pobreza es altísima. El 25% de las latinoamericanas son madres antes
de cumplir 20 años y, mientras que entre los grupos socioeconómicos de mayores
ingresos, menos de un 5% de jóvenes mujeres han sido madres a los 17 años,
entre los grupos de menores ingresos, la incidencia alcanza entre un 20% y un
35% de las jóvenes, dependiendo del país. Esto es especialmente preocupante porque
incluye “un alto porcentaje de casos no deseados, presenta mayores riesgos de
salud reproductiva que en madres de edades mayores, y genera además círculos viciosos
de exclusión de una generación a la siguiente, dado que la mayoría de las
madres adolescentes son pobres, de escasa educación y con altas posibilidades de
constituir hogares monoparentales, sin redes de protección ni promoción sociales
(reflejando) falta de acceso a derechos
reproductivos y a la igualdad de oportunidades” (OIT , Juventud y trabajo decente en América
Latina, 2010)
Otro aspecto a tener presente en esta cuestión es la relación
entre maternidad temprana y retraso o abandono de los estudios y de los
proyectos de vida, para asumir esta nueva responsabilidad, lo que claramente
aumenta las probabilidades de transmisión
intergeneracional de la pobreza. Si bien se necesitan más investigaciones para
responder con seguridad si estas jóvenes obtienen bajos logros a raíz de la maternidad
temprana o si ésta es consecuencia del bajo nivel educativo, no hay duda sobre
la correlación entre ambas cuestiones y sobre la fuerte incidencia que tienen
en la cristalización de los roles tradicionales. En América Latina casi el 30% de
las mujeres jóvenes que no estudian no trabajan remuneradamente, realizan únicamente
tareas domésticas y se ocupan de las responsabilidades familiares, mientras que
en el caso de los jóvenes que no estudian ni trabajan, ninguno realiza quehaceres
domésticos. Esta situación las impulsa a volcarse a matrimonios o uniones
tempranas, cambiando un hogar pobre por otro y a visualizar la maternidad como
un camino para la adultez o para “poseer algo propio”, escapando de la dependencia de la condición de hija, en especial cuando pertenecen
a hogares conflictivos, desestructurados, con problemática de violencia, etc.
No hay comentarios:
Publicar un comentario