El líder transformacional no se conforma con satisfacer las necesidades actuales de los seguidores, sino que se eleva o altera las fuerzas de las necesidades que pudieran estar adormecidas y logra grandes cambios en los grupos, organizaciones y sociedades. La apelación motivacional del líder transformacional va más allá de la satisfacción de las necesidades humanas básicas, en un intento por satisfacer las necesidades más elevadas: de estima y de autorrealización de sus seguidores.
Si pensamos que ésta es una perspectiva novedosa del liderazgo, los invito a un viaje en el tiempo, mil años antes de Cristo. En una cueva, sufriendo persecución política y social, se encontraba un joven formado en el trabajo rudo y abnegado, que le había desarrollado la valentía, la capacidad para la lucha y el vigor. Pero también tenía habilidad y sensibilidad, delicadeza para hablar y un buen aspecto. Por supuesto, ese carácter y la forma en que actuaba le ganaban la admiración y simpatía de los que le conocían.
Huyendo del rey Saúl, David llegó la cueva de Adulam. Allí se le unieron los afligidos, endeudados, amargados…para pelear con y por él. Un contingente no muy envidiable.
Estos antes marginados luego fueron llamados “los valientes de David”; se dice que fueron: leales a David y a la fe que él profesaba, al punto que estaban dispuestos a dar su vida por él y por cumplir todas las disposiciones de Dios, llegando a ser ejemplo e inspiración para el pueblo de Israel;
incansables, tan guerreros que no se permitían un momento de descuido ni de descanso vano. Distinguidos e ilustres, sabios, diestros. Sus rostros reflejaban sus firmes caracteres. Se transformaron en líderes con atractivo, nobles, que sabían trabajar en equipo. Se resumen sus características como “de corazón perfecto”. ¿Qué operó en ellos?
Ya hemos hablado algo acerca del carácter de David. Además él:
1. Trató con ellos tal cual le llegaron. (Aceptación)
2. No se enseñoreó de ellos (Humildad)
3. Le atemorizó sacar provecho para sí de la lealtad que le profesaban ni tampoco buscó sacar provecho de la situación y aunque tuvo oportunidades para ello se mantuvo fiel a sus principios. (Genuina preocupación por sus seguidores. Honestidad y transparencia)
4. Mostró un cuidado especial hacia sus padres
5. Demostró lealtad hacia sus superiores, aunque ellos no le retribuyeran de igual manera.
6. Fue protección para ellos y para quienes se relacionaban con ellos en su peregrinar.
7. El hecho de que Dios estuviera con él le daba sabiduría, amor, don de gentes, sentido de oportunidad.
8. Escuchó a los líderes y tomó consejo con ellos. (Liderazgo participativo)
9. Les compartió la visión que tenía en su corazón. (Confianza en ellos, capacidad de comunicación). Lo cual incluyó: buscar la voluntad de Dios, llamar siempre a la unidad del equipo, restablecer la obediencia y fidelidad a Dios como centro de sus vidas, restituyendo la adoración. (Un motivo inspirador y noble compartido)
10. Supo ganarse la voluntad de las autoridades y con ella la del pueblo. (Llegar al corazón dela gente, identificando sus necesidades)
11. Cometió también grandes errores.(Humanidad)
Esto último es importante recordar, porque los intentos de David por alcanzar su visión no siempre fueron exitosos, pero él aprendió de sus fallas, las superó y pudo alcanzar las metas.
12. Cuando logró el éxito, lo celebró con todo el pueblo con gran alegría. (Compartir los méritos y alegrías de por los logros).
Hasta la cualidad siete, fueron mostradas día a día en los días más adversos. Cuando ellos, porque había llegado el tiempo, demostraron caracteres transformados pudieron ser facultados. Así que el trato y el ejemplo fueron los principales transformadores de esos hombres.
David pudo ejercer la influencia de un líder que en medio de las situaciones adversas creció y logró que ellos llegaran a ser mucho más de lo que hubieran podido siquiera imaginar. No fue una persona perfecta de acuerdo con nuestros parámetros, pero logró que verse en el espejo de los caracteres de sus seguidores. Y fue un líder transformacional. Dios sí se refiere a él al compararlo con otros líderes como también de corazón perfecto, conforme al corazón de Dios, porque David reflejaba a su vez a Dios. Y allí estuvo el secreto de su éxito. (Entonces vemos que esa perfección que Dios pide de nosotros no se basa en no fallar, sino en ser sensibles a su voz y cumplir su voluntad, pero eso el tema para otra ocasión).
En una forma es un anticipo de lo que Jesús, líder transformacional por excelencia, iba a hacer a su paso por la Tierra: recorrer los caminos y ciudades sanando enfermedades, dolencias, tormentos, aflicciones… Cumpliendo lo que se había anunciado: dar buenas noticias a los pobres, sanar a los quebrantados de corazón, dar vista a los ciegos, poner en libertad a los oprimidos y a comunicarnos la visión maravillosa que Dios tiene para cada uno de nosotros a generar la más grandiosa transformación posible para los hombres: ser hechos hijos de Dios.
Servicios de tutorías académicas para elaboración de trabajos de grado y de asesoría general para pequeñas y medianas empresas y consejos comunales en áreas gerenciales y de recursos humanos; elaboración y seguimiento de proyectos.
sábado, 30 de agosto de 2014
SENCILLITO SOBRE LOS VALORES. PARTE I
Si atendemos la formación de nuestros jóvenes preparándolos para el reto inminente de conducir nuestros países, podremos estar tranquilos.
Una de las iniciativas grandes iniciativas al respecto la asumió el gobierno boliviano, y buscó para ello la ayuda de verdaderos especialistas: la gente de la OIT/CINTERFOR. Carmen Álvarez, Félix Chalco, Sandra Espada y Víctor Villareal redactaron el Módulo de formación en competencias de empleabilidad y ciudadanía. Es un trabajo completo, concienzudo y con un enfoque práctico de formación integral, en el cual recogen los enfoques y metodologías del modelo de referencia de políticas de formación para el mejoramiento de la empleabilidad y la equidad propuesto en el "Proyecto de fortalecimiento institucional impulsado por el Proyecto de Gestión del Conocimiento sobre Calidad y Equidad en la formación profesional en América Latina y el Caribe" ejecutado por OIT/Cinterfor y que se constituye en el eje articulador de un proceso de enseñanza aprendizaje integrado por los módulos de: proyecto ocupacional, formación para el espíritu emprendedor y los correspondientes a la capacitación técnica específica. Así se apoya a las y los jóvenes participantes a desarrollar las competencias requeridas para posicionarse como gestores de estrategias de oportunidades, como sujetos activos de procesos de aprendizaje permanente y de inserción y desarrollo laboral, dirigidos a mejorar sus condiciones ocupacionales y su calidad de vida
De este programa estaré presentando algunas de las lecturas de apoyo, comenzando con la primera parte de la llamada:
Compromiso y lealtad
Quizás nadie entienda mejor el valor de la lealtad que aquella persona que ha sido traicionada en algún momento. Está claro que todas las personas esperamos la lealtad de las demás, y que a nadie le gusta ser traicionada, o saber que una amistad habló mal de nosotros. En otro sentido, nos parece terrible cuando, después de trabajar en una empresa muchos años, nos despiden sin pensar en todos los años que le invertimos.
Detectar la lealtad (o deslealtad) en los demás es fácil, pero, ¿cómo estoy viviendo yo la lealtad? ¿Realmente sé qué es? ¿Qué esperan los demás de mí?
La lealtad implica un corresponder, una obligación que se tiene al haber obtenido algo provechoso. Resulta un compromiso a defender lo que creemos y en quien creemos. Por eso, el concepto de lealtad se entronca con temas como la Patria, el trabajo, la familia o la amistad. Cuando alguien nos ha dado algo bueno, le debemos mucho más que agradecimiento.
La lealtad es un valor, pues quien traiciona, se queda solo.
Necesitamos ser leales con quienes nos han ayudado: ese amigo o esa compañera que nos defendió, el país que nos acoge como patria, esa empresa que nos da trabajo.
La lealtad implica defender a quien nos ha ayudado, en otras palabras “sacar la cara”. Si somos leales, logramos llevar la amistad y cualquier otra relación a una etapa más profunda, con madurez. Cualquiera puede tener un amigo superficial o trabajar en un sitio simplemente porque nos pagan. Sin embargo, la lealtad implica un compromiso mayor: supone estar con alguien a quien queremos en las buenas y en las malas, es el trabajar no sólo porque nos pagan, sino porque tenemos un compromiso con nosotros mismos de hacer las cosas bien y actuar rectamente, con la empresa en donde trabajamos, y con la sociedad en su conjunto.
En este sentido, la lealtad es una llave que nos permite sentirnos en armonía y paz, tener un autentico éxito en nuestras relaciones.
No es un valor fácil de encontrar, muchas personas son interesadas y se acercan buscando un beneficio. Es, por supuesto, más común aquella persona que al saber que puede obtener algo de nosotros se nos acerque y cuando dejamos de serle útil se aleja o se desentiende. (Álvarez y otros, 2012:209)
Una de las iniciativas grandes iniciativas al respecto la asumió el gobierno boliviano, y buscó para ello la ayuda de verdaderos especialistas: la gente de la OIT/CINTERFOR. Carmen Álvarez, Félix Chalco, Sandra Espada y Víctor Villareal redactaron el Módulo de formación en competencias de empleabilidad y ciudadanía. Es un trabajo completo, concienzudo y con un enfoque práctico de formación integral, en el cual recogen los enfoques y metodologías del modelo de referencia de políticas de formación para el mejoramiento de la empleabilidad y la equidad propuesto en el "Proyecto de fortalecimiento institucional impulsado por el Proyecto de Gestión del Conocimiento sobre Calidad y Equidad en la formación profesional en América Latina y el Caribe" ejecutado por OIT/Cinterfor y que se constituye en el eje articulador de un proceso de enseñanza aprendizaje integrado por los módulos de: proyecto ocupacional, formación para el espíritu emprendedor y los correspondientes a la capacitación técnica específica. Así se apoya a las y los jóvenes participantes a desarrollar las competencias requeridas para posicionarse como gestores de estrategias de oportunidades, como sujetos activos de procesos de aprendizaje permanente y de inserción y desarrollo laboral, dirigidos a mejorar sus condiciones ocupacionales y su calidad de vida
De este programa estaré presentando algunas de las lecturas de apoyo, comenzando con la primera parte de la llamada:
Compromiso y lealtad
Quizás nadie entienda mejor el valor de la lealtad que aquella persona que ha sido traicionada en algún momento. Está claro que todas las personas esperamos la lealtad de las demás, y que a nadie le gusta ser traicionada, o saber que una amistad habló mal de nosotros. En otro sentido, nos parece terrible cuando, después de trabajar en una empresa muchos años, nos despiden sin pensar en todos los años que le invertimos.
Detectar la lealtad (o deslealtad) en los demás es fácil, pero, ¿cómo estoy viviendo yo la lealtad? ¿Realmente sé qué es? ¿Qué esperan los demás de mí?
La lealtad implica un corresponder, una obligación que se tiene al haber obtenido algo provechoso. Resulta un compromiso a defender lo que creemos y en quien creemos. Por eso, el concepto de lealtad se entronca con temas como la Patria, el trabajo, la familia o la amistad. Cuando alguien nos ha dado algo bueno, le debemos mucho más que agradecimiento.
La lealtad es un valor, pues quien traiciona, se queda solo.
Necesitamos ser leales con quienes nos han ayudado: ese amigo o esa compañera que nos defendió, el país que nos acoge como patria, esa empresa que nos da trabajo.
La lealtad implica defender a quien nos ha ayudado, en otras palabras “sacar la cara”. Si somos leales, logramos llevar la amistad y cualquier otra relación a una etapa más profunda, con madurez. Cualquiera puede tener un amigo superficial o trabajar en un sitio simplemente porque nos pagan. Sin embargo, la lealtad implica un compromiso mayor: supone estar con alguien a quien queremos en las buenas y en las malas, es el trabajar no sólo porque nos pagan, sino porque tenemos un compromiso con nosotros mismos de hacer las cosas bien y actuar rectamente, con la empresa en donde trabajamos, y con la sociedad en su conjunto.
En este sentido, la lealtad es una llave que nos permite sentirnos en armonía y paz, tener un autentico éxito en nuestras relaciones.
No es un valor fácil de encontrar, muchas personas son interesadas y se acercan buscando un beneficio. Es, por supuesto, más común aquella persona que al saber que puede obtener algo de nosotros se nos acerque y cuando dejamos de serle útil se aleja o se desentiende. (Álvarez y otros, 2012:209)
PEQUEÑOS LUGARES
¿Qué has sido llamado a hacer? ¿Estás haciéndolo con todo tu corazón?
Cada uno de nosotros tiene un lugar que ocupar y ha sido dotado especialmente para ello. Con nuestras diferencias individuales llenamos la extensa gama de funciones necesarias para hacer que el mundo entero funcione.
Reconocer esto puede ser sencillo, pero no siempre actuamos para cumplirlo. Es decir, a veces queremos hacer cosas que otros pueden hacer mejor que nosotros y descuidamos aquello que sí podemos hacer mejor que nadie. En el mundo empresarial se ha despertado a esta realidad y se ha llamado a las organizaciones a reconocer lo que se ha llamado sus “ventajas competitivas”, que no son eso sino lo que tal vez sólo nosotros podemos hacer con excelencia. Esto es aplicable absolutamente a las personas. Descubrir cuáles son las capacidades y actuar en función de ellas para hacer el mayor bien posible al lugar o el equipo en que estemos.
John Maxwell lo llama “la Ley de la especialización”: “cada jugador tiene un lugar donde dar lo mejor de sí”. Al respecto dice que “cuando cada persona es puesta a hacer el trabajo que sabe hacer, todo el mundo gana” (Maxwell: 2001,29).
Esto implica vernos a nosotros mismos con sinceridad para dar con nuestro propio potencial. Saber cuál es la semilla que hemos sembrado nos dirá qué planta nacerá. Y no será otra, pues cada semilla es propia de su especie. No es válido pretender ser árboles de mango cuando se tiene semilla de araguaney. Lo que toca es ser cada día mejor araguaney antes que mango, pues no se logrará, ¡aunque pintemos muy de amarillo nuestras flores!
Y en esto no hay pequeñeces. Cada lugar es importante y ocuparlo o, mejor llenarlo, con nuestra presencia es lo que debemos. Citando nuevamente a Maxwell, nadie ve a quien dobló el paracaídas cuando se mira a quien saltó y lo usó, pero la labor de esa persona puede significar la diferencia entre la vida o la muerte del paracaidista. Si se está en una posición “invisible”, podemos preguntarnos: si fuera un paracaídas, ¿lo estaríamos doblando para cuidar la vida de quien va a usarlo? Si es así, cualquiera sea nuestra labor y aunque pareciera que nadie la notará, podremos alegrarnos en ella.
Cada uno de nosotros tiene un lugar que ocupar y ha sido dotado especialmente para ello. Con nuestras diferencias individuales llenamos la extensa gama de funciones necesarias para hacer que el mundo entero funcione.
Reconocer esto puede ser sencillo, pero no siempre actuamos para cumplirlo. Es decir, a veces queremos hacer cosas que otros pueden hacer mejor que nosotros y descuidamos aquello que sí podemos hacer mejor que nadie. En el mundo empresarial se ha despertado a esta realidad y se ha llamado a las organizaciones a reconocer lo que se ha llamado sus “ventajas competitivas”, que no son eso sino lo que tal vez sólo nosotros podemos hacer con excelencia. Esto es aplicable absolutamente a las personas. Descubrir cuáles son las capacidades y actuar en función de ellas para hacer el mayor bien posible al lugar o el equipo en que estemos.
John Maxwell lo llama “la Ley de la especialización”: “cada jugador tiene un lugar donde dar lo mejor de sí”. Al respecto dice que “cuando cada persona es puesta a hacer el trabajo que sabe hacer, todo el mundo gana” (Maxwell: 2001,29).
Esto implica vernos a nosotros mismos con sinceridad para dar con nuestro propio potencial. Saber cuál es la semilla que hemos sembrado nos dirá qué planta nacerá. Y no será otra, pues cada semilla es propia de su especie. No es válido pretender ser árboles de mango cuando se tiene semilla de araguaney. Lo que toca es ser cada día mejor araguaney antes que mango, pues no se logrará, ¡aunque pintemos muy de amarillo nuestras flores!
Y en esto no hay pequeñeces. Cada lugar es importante y ocuparlo o, mejor llenarlo, con nuestra presencia es lo que debemos. Citando nuevamente a Maxwell, nadie ve a quien dobló el paracaídas cuando se mira a quien saltó y lo usó, pero la labor de esa persona puede significar la diferencia entre la vida o la muerte del paracaidista. Si se está en una posición “invisible”, podemos preguntarnos: si fuera un paracaídas, ¿lo estaríamos doblando para cuidar la vida de quien va a usarlo? Si es así, cualquiera sea nuestra labor y aunque pareciera que nadie la notará, podremos alegrarnos en ella.
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