¿Qué has sido llamado a hacer? ¿Estás haciéndolo con todo tu corazón?
Cada uno de nosotros tiene un lugar que ocupar y ha sido dotado especialmente para ello. Con nuestras diferencias individuales llenamos la extensa gama de funciones necesarias para hacer que el mundo entero funcione.
Reconocer esto puede ser sencillo, pero no siempre actuamos para cumplirlo. Es decir, a veces queremos hacer cosas que otros pueden hacer mejor que nosotros y descuidamos aquello que sí podemos hacer mejor que nadie. En el mundo empresarial se ha despertado a esta realidad y se ha llamado a las organizaciones a reconocer lo que se ha llamado sus “ventajas competitivas”, que no son eso sino lo que tal vez sólo nosotros podemos hacer con excelencia. Esto es aplicable absolutamente a las personas. Descubrir cuáles son las capacidades y actuar en función de ellas para hacer el mayor bien posible al lugar o el equipo en que estemos.
John Maxwell lo llama “la Ley de la especialización”: “cada jugador tiene un lugar donde dar lo mejor de sí”. Al respecto dice que “cuando cada persona es puesta a hacer el trabajo que sabe hacer, todo el mundo gana” (Maxwell: 2001,29).
Esto implica vernos a nosotros mismos con sinceridad para dar con nuestro propio potencial. Saber cuál es la semilla que hemos sembrado nos dirá qué planta nacerá. Y no será otra, pues cada semilla es propia de su especie. No es válido pretender ser árboles de mango cuando se tiene semilla de araguaney. Lo que toca es ser cada día mejor araguaney antes que mango, pues no se logrará, ¡aunque pintemos muy de amarillo nuestras flores!
Y en esto no hay pequeñeces. Cada lugar es importante y ocuparlo o, mejor llenarlo, con nuestra presencia es lo que debemos. Citando nuevamente a Maxwell, nadie ve a quien dobló el paracaídas cuando se mira a quien saltó y lo usó, pero la labor de esa persona puede significar la diferencia entre la vida o la muerte del paracaidista. Si se está en una posición “invisible”, podemos preguntarnos: si fuera un paracaídas, ¿lo estaríamos doblando para cuidar la vida de quien va a usarlo? Si es así, cualquiera sea nuestra labor y aunque pareciera que nadie la notará, podremos alegrarnos en ella.
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