
¿Qué hace un padre de cerca de
cuarenta años y fuera de forma cuando descubre que a su hijo tetrapléjico le
entusiasman los deportes?
Al nacer Rick, su cordón
umbilical enrollado alrededor del cuello le privó de oxígeno ocasionándole
parálisis cerebral severa. Lejos de abandonarle como algunos médicos sugirieron,
sus padres le criaron como cualquier otro niño, siempre procurando desarrollar su potencial,
utilizando todos los medios a su alcance.
A los diez años de edad, gracias de
una computadora especial, pudo comunicar a sus padres su entusiasmo por los
deportes. Tenía trece años cuando quiso
participar en una carrera 5K a beneficio de un atleta que había quedado paralizado
por un accidente. Su padre empujó la silla de ruedas en la carrera y llegaron
de penúltimos. A partir de allí participaron en muchas carreras, incluyendo el
triatlón Ironman de Hawaii, en 1989, considerada la carrera más difícil del
mundo: 3850 metros de natación, 180 kilómetros en bicicleta y un maratón de 42
kilómetros.
Su padre remolcó un pequeño bote
con Rick adentro, pedaleó con Rick en un asiento especial de la bicicleta y cagó
a Rick en una silla especial de carreras. En trece horas y 43 minutos lograron
todo el recorrido. Y así hicieron hasta
este año 2014 muchas veces.
Es difícil imaginar el esfuerzo que
representó todo esto para Dick, el padre del chico, pero la transformación de
la vida de su hijo bien lo ha valido: culminó una carrera universitaria,
trabaja en la Universidad de Boston en diseño de computadoras para personas con
discapacidad. Pero lo más importante, es saber que ha logrado que Rick no se
sienta discapacitado, sino igual a los demás y que sea, junto con su padre, un orador motivacional: “me siento como la
persona inteligente que soy y que no tiene límites”, dice. Son un equipo triunfador.
John Maxwell dice al respecto: “Nada duele cuando se está
ganando”, ese es efecto de la moral alta. Y es un efecto multiplicador,
elevador, energizador, emancipador: “cuando usted lo hace bien, se siente bien:
cuando usted se siente bien, lo hace bien.” Para lograrlo no se puede esperar que la moral suba, sino actuar en un nivel de
excelencia apropiado para ser un triunfador
cualquier esfuerzo necesario para ese éxito se hará si se sostiene el
entusiasmo.
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